
Bajo la luz anochecida,
acompañada de un silencio endurecido y lento,
breve, de nostalgia,
por aquel túnel nace mi amargura.
El tic-tac del corazón medio desnudo
enmudece mi labios con estupor y rabia
tratando de olvidar el duelo de mi propia carne.
En mi piel se posan contra el viento
el infortunio incalculable de agonías.
Los espejos congelados hacen alianzas y solo dejan
que contemple la loza del sepulcro.
Cenizas de tinieblas exhalan desde mi pecho,
donde la condena mas adversa se salta el amor
dando paso a la vaciedad del mundo de un desclasado.
Entre zarpasos se asoma la bella membranza
de la cual fui vidente algún día.
Donde nació la esperanza allá a lo lejos de forma tumultuosa,
hoy, se va disipando en las sombras.