martes, 1 de marzo de 2011

Avimara XVIII

No puede ser que seamos dos...
Dios, que anhelo de unión,
de entrega...
Que anhelo de perderme en tí
y desaparecer
para resucitar contigo en un todo.

Si tu corazón late,
su eco agita mi pecho.
¿Qué más puede existir en la vida?
Perfecto e innombrable.

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